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Estos son los insectos voladores que más te pican en verano

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Estos son los insectos voladores que más te pican en verano

Los mosquitos son los más conocidos, pero  hay otras muchas especies que muerden o aguijonean al hombre para chuparle la sangre o como mecanismo de defensa: mosquitos, moscas negras, flebotomos, jejenes, tábanos, moscas de los establos, abejas, avispas…

Tanto en la ciudad, como sobre todo en el campo, una de las molestias más típicas del verano son los picotazos. Sabemos, más por experiencia que por conocimiento, que en determinados momentos y lugares es mejor no llevar las piernas y los brazos al aire. Pero ¿somos conscientes de toda la variedad de animales voladores que pueden provocarnos esos molestos habones?

Normalmente, al ver una picadura tendemos a pensar en los mosquitos englobando bajo ese término a todos sus posibles causantes. Sin embargo, en realidad hay varios grupos o familias de insectos que vuelan y que pueden picarnos para alimentarse de nuestra sangre o simplemente como mecanismo de defensa.

por citar solo los más habituales, además de los mosquitos tenemos las moscas negras, los tábanos, los flebotomos, los jejenes, la mosca de los establos, las abejas y las avispas”, enumera Javier Lucientes, catedrático de Patología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza. “Además, dentro de cada una de esas familias y subfamilias puede haber varias decenas de especies distintas”.

Todos esos insectos presentan una característica común: son artrópodos y por tanto tienen la sangre fría, lo que hace que su actividad prácticamente se reduzca a cero en invierno y en cambio se dispare en los meses de verano. “A diferencia de los mamíferos o las aves, que somos capaces de regular la temperatura de nuestro cuerpo en todo momento, los artrópodos necesitan temperaturas altas. Por eso sobre todo nos molestan en verano y por eso el cambio climático está ampliando sus periodos de actividad hacia meses en los que antes no los notábamos”, explica este experto.

A excepción de las abejas y las avispas, que clavan su aguijón para defenderse cuando se sienten amenazadas, los principales insectos que vuelan y pican  son hematófagos: pinchan o muerden para alimentarse de la sangre tanto de los animales como de los humanos. Por eso aunque intentemos pasar desapercibidos acuden a nosotros para cubrir una de sus necesidades básicas.

“Normalmente nos detectan por el movimiento, pero cuando ya están cerca se guían por el calor de que desprendemos”, señala Lucientes. “Además, quienes nos pican son siempre las hembras, que necesitan alimentarse de sangre para poner sus huevos”. En cambio, a los machos les basta con ingerir las sustancias azucaradas que encuentran en las flores y en otras partes de las plantas.

Los mosquitos

Los mosquitos propiamente dichos pertenecen a la familia de los culícidos y se caracterizan por que las hembras poseen un largo aparato bucal (la probóscide) especializado en perforar la piel de sus ‘victimas‘. “Es como una aguja muy fina que penetra hasta los vasos sanguíneos y extrae la sangre, pero eso cuando te pican ni te enteras y te das cuenta más tarde, cuando igual ya estás lleno de picotazos”, comenta Lucientes, quien también llama la atención sobre el hecho de que los mosquitos son capaces de clavar su probóscide a través de la ropa, sobre todo si es fina y ajustada.

En España viven en torno a 70 especies distintas de mosquitos, pero la suerte para los humanos es que la gran mayoría habitan en el campo. “En los pueblos del medio rural pueden volar alrededor de una decena de esas especies, y en las ciudades lo normal es que solo causen molestias tres: el ‘Culex pipiens’, el ‘Anopheles atroparvus’ y el ‘Aedes caspius”, aclara este catedrático. Los dos primeros prefieren el campo, pero también viven la ciudad, mientras que el tercero habita en espacios naturales pero puede volar hasta 15 kilómetros en busca de personas o animales a los que picar.

Los mosquitos autóctonos tienen hábitos nocturnos, por eso normalmente solo molestan al amanecer y al atardecer. No obstante, la situación se está complicando con la llegada del mosquito tigre (‘Aedes albopictus’), una especie invasora que ya ha sido detectada en al menos veinte municipios aragoneses y que, además de tener hábitos diurnos, es bastante agresivo, tiene una picadura muy dolorosa y puede transmitir enfermedades como el dengue o la fiebre chikungunya.

Los mosquitos ponen sus huevos en aguas estancadas, por lo que el método más eficaz de combatirlos es evitar la formación de zonas embalsadas y charcos y no tener recipientes donde se puedan acumular pequeñas cantidades de agua: macetas, platos, jardineras, estanques…

Las moscas negras

Otra familia de insectos voladores ‘picadores’ cada vez más extendida es la de las moscas negras o simúlidos, que a diferencia de los mosquitos ponen sus huevos en las corrientes de agua. “Inicialmente solo vivían en los ríos de montaña, pero los cambios en la ecologia de los cauces les han permitido colonizar también los tramos medios y bajos de los ríos”, recuerda Lucientes.

Al igual que el mosquito tigre, las moscas negras tienen hábitos diurnos. Aunque son de pequeño tamaño (de 3 a 5 milímetros) también causan una picadura muy dolorosa porque en vez de clavar una especie de pequeña aguja rasgan la piel con su potente aparato bucal. “Lo mueven de izquierda a derecha cortando los tejidos y los nervios como si fuera con unos cuchillos para que brote la sangre y puedan absorberla, por eso duele mucho y te enteras enseguida”, compara este experto.

La saliva de todos los insectos hematófagos presenta más de 80 compuestos químicos que tienen múltiples funciones: anestésica, coagulante… En el caso de las moscas negras, esas sustancias suelen generar importantes reacciones que provocan una fuerte irritación, un edema e incluso procesos alérgicos severos que requieren atención médica.

Curiosamente, de las al menos 51 especies de mosca negra que viven en España aparentemente solo hay una que pique a los humanos: la ‘Simulium erythrocephalum’. No obstante, estos insectos también se ceban con el ganado, hasta el punto de que se han llegado a detectar animales que presentaban alguna debilidad previa y que han muerto por la acumulación de picotazos.

Los flebotomos y los jejenes

Los flebotomos y los jejenes no son tan abundantes como los mosquitos y las moscas negras. Miden solo 2 o 3 milímetros y su picadura no suele provocar reacciones… salvo que la ‘victima’ se rasque. “De hecho, la mayoría de la gente ni los conoce. Si estás distraído no te enteras, así que tampoco los ves”, detalla Lucientes. No obstante, algunas especies de flebotomos transmiten la leishmaniasis, una enfermedad causada por un parásito que afecta tanto a las personas como a los animales. Los jejenes crían en las orillas de los ríos y los estanques, mientras que los flebotomos prefieren hacerlo en parques, jardines… En total en Aragón pueden encontrarse alrededor de una decena de especies de ambos, y tienen hábitos diurnos.

Los tábanos

Los tábanos son unos insectos voladores bastante robustos que pueden medir hasta 3 centímetros. Poseen unos ojos prominentes de colores brillantes y un aparato bucal similar al de las moscas negras que corta los tejidos provocando picaduras muy dolorosas. “Lo único bueno es que, al dolerte tanto, enseguida reaccionas y no les das tiempo a dejarte mucha saliva, así que normalmente las picaduras no se complican”, explica el catedrático de la Facultad de Veterinaria, que insiste en que solo los mosquitos pueden picar a través de la ropa. Estos animales tienen hábitos diurnos, pero no suelen estar presente en las ciudades porque normalmente viven donde hay ganadería (ovejas, caballos, vacas…) y crían en zonas de barro como balsas, estanques, lagunas… Hay unas 30 especies de tábanos de tres géneros distintos.

La mosca de los establos

La llamada mosca de los establos (‘Stomoxys calcitrans’) se parece a las mosca doméstica común, pero es más pequeña y tiene un aparato bucal mordedor que también le permite perforar para chupar la sangre. Pica tanto al ganado, a otros animales domésticos y al hombre, y pone los huevos en materia orgánica en descomposición como el heno, el estiércol y la basura. “Cuando la gente dice que hay una mosca que pica se refieren a esta especie, y además en este caso lo hacen tanto los machos como las hembras”, explica Lucientes.

Las abejas y las avispas

Las abejas y las avispas son himenópteros que no pican para alimentarse de sangre, sino para defenderse. En el caso de la abeja de la miel (‘Apis mellifera’), posee un aguijón que se desprende causándole la muerte y quedando fijado a la piel de la ‘víctima’, pero hay otras especies de abejas que pueden picar, como el abejorro.Por su parte, las avispas tienen una mayor incidencia sobre los seres humanos en cuanto a picaduras, sobre todo aquellas especies que instalan sus avisperos en edificaciones para protegerse de las inclemencias del tiempo. Además, las avispas, al tener el aguijón liso y retráctil, pueden picar muchas veces. En todos los casos la picadura de estos animales es muy dolorosa.

fuente: https://www.heraldo.es/noticias/aragon/2019/08/13/estos-son-los-insectos-voladores-que-mas-te-pican-en-verano-1329491.html#

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